miércoles, 29 de agosto de 2012

Beneficios de las plantas para el ser humano


1. Promueven el valor más básico: el respeto a los seres vivos.

Las plantas no son el típico objeto de consumo que se usa y se tira rápidamente. Antes de regalar una planta es importante asegurarse de si la persona que la va a recibir asumirá la responsabilidad de cuidarla. Aunque requieren poca atención, las plantas son seres vivos y su mantenimiento precisa constancia. Justamente por ello, sirven para concienciar sobre el medio ambiente y son un medio educativo de primer orden.



2. Requieren un cuidado mínimo.

Eligiendo bien las plantas y colocándolas en el lugar adecuado, las plantas necesitan un cuidado mínimo. Con encontrarles un lugar adecuado en la casa, regarlas cada cierto tiempo y abonarlas una vez al año, la mayoría de las plantas presentarán un aspecto bello y saludable.

3. Oxigenan, filtran y purifican el aire.

En lugares cerrados donde no se abren las ventanas, el que haya varias plantas resulta muy práctico porque consumen el dióxido de carbono (al respirar los mismos seres humanos lo emiten) y lo transforman en oxígeno limpio. También absorben la contaminación que originan el tabaco y la cocina, y captan los gases de los aerosoles y limpiadores domésticos.

Es conveniente recordar que de noche las plantas consumen oxígeno y emiten dióxido de carbono. No obstante, cuando hay luces encendidas, las plantas continúan emitiendo oxígeno. Por lo tanto, las plantas no están indicadas para los dormitorios, pero sí para las demás estancias de la casa. En especial son recomendables para los lugares de trabajo de todo tipo como oficinas, clases, tiendas...


4. Regulan la humedad del ambiente.

Las plantas, al evaporarse su agua de forma constante, producen humedad.  Esta humedad evita los problemas que crean los ambientes secos como la sequedad de las mucosas, la tos y la irritación de la piel.

Otro efecto beneficioso de las plantas es que aminoran la polución y reducen la presencia de esporas y bacterias que contiene el aire normalmente gracias a que emiten ciertas sustancias fitoquímicas.


5. Suavizan la temperatura en invierno y verano.

Al crear sombra y evaporar el agua, las plantas hacen que en verano el ambiente esté más fresco. En invierno amortiguan el frío, porque, aunque de manera poco llamativa, despiden calor como cualquier organismo vivo.

Los árboles y las plantas de hoja caduca en verano dan sombra que evita que la temperatura dentro del hogar sea más alta; y, al contrario, al caérseles las hojas, dejan pasar los rayos del sol y permiten que la casa se caliente. Ello trae como consecuencia mayor confort, una mayor eficiencia energética y que, en consecuencia, el gasto de electricidad se reduzca considerablemente.

  
6. Proporcionan bienestar psicológico.

La costumbre de regalar flores y plantas a los enfermos tiene un trasfondo de sabiduría popular que responde a una realidad verificable: el estado de ánimo de los enfermos mejora si tienen plantas a su alrededor, lo cual, a su vez, influye en su mejoría física.


7. Como elementos decorativos, personalizan y dan carácter a los espacios.

Hasta que los propietarios de las casas no ponen plantas, una urbanización es un lugar frío y sin personalidad. Las plantas proporcionan un carácter especial a cualquier vivienda. Un edificio cuyo arquitecto ha previsto espacios para las plantas, se asegura un diseño sugerente. Una enredadera trepando por una fachada proporciona, sin duda, un toque elegante.

Aunque cualquier planta no se adapta a cualquier espacio, hay tantas plantas que cada persona puede elegir el color y la textura de acuerdo con sus gustos. Además son tan dúctiles, que se puede dirigir su crecimiento haciendo que tomen las formas que cada cual desee.
Por el contrario, al crecer según su propia naturaleza, introducen un factor de azar que las hace más atractivas. Los decoradores conocen perfectamente que con los cambios que el tiempo produce en las plantas, se logra que la percepción del espacio varíe y se enriquezca notablemente. Sin duda, las plantas son elementos decorativos de primer orden tanto para el exterior como para el interior de las viviendas y de los edificios. Pero no sólo son un regalo para la vista. Las plantas desprenden olores diferentes y presentan texturas variadas por lo que ayudan a crear atmósferas sensuales, agradables y originales.


8. El cultivo de plantas se puede convertir en una gran afición.

Las planta se muestran tan agradecidas que acaban apasionando. Las plantas reúnen todos los requisitos para convertirse en una gran afición. Quien se acerca al mundo de las plantas, encontrará enseguida otros aficionados con los que compartir sus experiencias. Basta con echar una ojeada en internet para comprobar las numerosas páginas webs, foros y blogs dedicados a ellas.

El universo de las plantas permite diferentes grados de acercamiento. Los que únicamente quieran disponer de unas cuantas plantas para adornar su vivienda, se darán cuenta del buen efecto que producen. Los que deseen saber más sobre las propiedades de las plantas descubrirán que existe mucha información asequible; y si su inquietud intelectual no queda saciada, hallarán que en el cultivo de las plantas se entrelazan varias ciencias.

Aquellas personas que les apetezca poner en práctica su destreza, encontrarán que, por ejemplo, sólo para regar las plantas se pueden aplicar numerosas técnicas que van desde el riego por goteo o los cultivos hidropónicos a la informática. Habrá incluso personas con necesidad de proyectar su espíritu en unos seres tan delicados como las plantas; entonces los bonsáis les ofrecerán un arte refinado que les conducirá a la armonía y al arte.



9. Permiten un saludable autoconsumo.

 Si se dispone de poco espacio en la vivienda, en una ventana o en la misma cocina se puede tener una maceta con algunas plantas aromáticas fáciles de mantener. Condimentos como el perejil, la albahaca, el orégano, el romero saben mejor recién cortados. Un buen té con unas hojas de menta obtenidas de una maceta resulta insuperable.


10. Mejoran y humanizan la vida urbana.

Las ciudades permiten numerosas posibilidades para el desarrollo personal. En este aspecto, cuanto mayor es la ciudad, ofrece más servicios y más oportunidades para disfrutar. A pesar de ello, a menudo las ciudades presentan una faceta hostil. Irremediablemente, se muestran como un entorno artificial y deshumanizado. En ellas resulta difícil escapar de los ruidos y del humo. Están diseñadas a fuerza de funcionales líneas rectas y en ellas se transita con prisa.

Esta ambivalencia hace que las ciudades sean lugares atractivos, pero también que a la mínima oportunidad sus abrumados habitantes se escapen en desbandada hacia la playa o al campo para gozar por un tiempo de una vida más natural.




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